Instituto Electoral del Estado de México

Otro grupo de manifestantes coreaba consignas contra la policía y llevaba las manos en alto, en un simbólico rechazo a la decisión de otro gran jurado que declinó encausar a otro policía que provocó el deceso de otro afroamericano en Ferguson, Missouri..

Pasa por alto la memoria de quién fue el autor de esta reflexión, pero resulta del todo cierta: si en una “democracia” contemporánea cualquiera, un grupo armado con palos y piedras, se enfrenta a las fuerzas del orden con mangueras, tanques antimotines y balas de goma, a la larga ganarán los de las piedras.

En México son demasiados los ejemplos de esta verdad. Y cuando los de la protesta pierden, temporalmente, como fue el caso de Iguala con todos los macabros excesos del secuestro en connivencia con los delincuentes “formales” y los policías convertidos en sus sicarios o al menos en sus cómplices y protectores, la victoria política y moral ya se sabe del lado de quién está.

En Estados Unidos, país cuya democracia ejemplar, dicen algunos, nos llama la atención desde los tiempos de Tocqueville, bastó el asesinato de un joven negro a manos de un policía blanco e impune para encender de nuevo los carbones de una hoguera no sofocada desde los tiempos del esclavismo. No es posible olvidarlo: el surgimiento de una nación, como tituló D.W. Griffith su racista y sin embargo genial película, se asienta en la inmoral vigencia del esclavismo capitalista.

En Estados Unidos las protestas llegaron de Missouri a Washington, DC, y cubrieron con las llamas del odio y la revancha todo el territorio, pero el sistema no dio ni un solo paso atrás a pesar de la identidad étnica del presidente afroamericano, Barack Obama, quien en repetidas ocasiones (ya lo había hecho en un caso similar en Florida) salió a defender a los negros contra los abusos de la policía.

“ (AN)Miles de residentes de Nueva York y otras ciudades como Washington y Chicago se sumaron a las manifestaciones en protesta por la decisión de un gran jurado de no encausar a un policía que provocó la muerte por asfixia de un hombre afroamericano, asesinado por un policía blanco de Nueva York en julio pasado.

“Las manifestaciones, que iniciaron el miércoles de manera espontánea en Times Square, crecieron en número e intensidad, pero se mantuvieron pacíficas y sin incidentes o confrontaciones con la policía. Con pancartas con la leyenda ‘No puedo respirar’, que se ha convertido en un nuevo himno de batalla, los manifestantes recorrieron las principales calles de las ciudades, escoltados por policías uniformados y civiles.

“Otro grupo de manifestantes coreaba consignas contra la policía y llevaba las manos en alto, en un simbólico rechazo a la decisión de otro gran jurado que declinó encausar a otro policía que provocó el deceso de otro afroamericano en Ferguson, Missouri.

“Sin justicia, no hay paz, se leía en una de las pancartas de la multitud, integrada por jóvenes de raza blanca y negra en Nueva York”.

Sin embargo, las protestas no han causado hasta ahora efectos reversibles en la vida americana. La policía seguirá asesinando extrajudicialmente a quien sea pillado con un paquete de cigarrillos robado en una tienda de barrio mientras los grandes movimientos financieros y especulativos, causantes de miles de desgracias en el mundo, seguirán siendo vistos como muestra de talento financiero o bursátil. Nadie castiga a nadie si el sistema no se ve afectado.

Un negro asesinado por la policía causó el incendio americano. Por unos días. ¿Y si hubieran sido 43?

Quizá, entonces, se habría hablado de crímenes de Estado. ¿O allá no?

rafael.cardona.sandoval@gmail.com

Author: Rafael Cardona

Rafael Cardona

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