Columnas — 26 noviembre 2017
Si hasta Dios escribía con el dedo…

Ignoro de donde venga esa dócil ingenuidad de los mexicanos, cuyo trato liso y sonriente, de insólita sencillez puede, en cualquier momento, tornarse en volcánica rebeldía destructora; furia sin continente, revolución sangrienta.

Posiblemente sea una herencia de la derrota indígena frente a los conquistadores (violencia, sumisión; violencia, sumisión), quienes de paso hacia el expolio absoluto, como machos en celo constante, avasallaron a las mujeres indias, como presagio de asesinatos y cosificación femenina presentes ahora; amplios, extendidos e irremediables en los feminicidios de hoy.

Ahí nació, dicen los teóricos de nuestra idiosincrasia “La Chingada” gran sombra oscura y maternal de nuestras vidas.

Quizá sea esa la tristeza racial a cuya melancolía se refiere en versos simples Don Amado Nervo. No lo se, pero los mexicanos somos a un tiempo pícaros e ingenuos. Y cuando se habla de política, más, mucho más.

Hoy debatimos por pistas y despistes.

Y peor aun. Ni siquiera debatimos, tratamos de resolver el acertijo como lo haría un ciego con las piezas del rompecabezas. Sabemos sin saber y hablamos sin conocer.

Los más inteligentes analistas de nuestra historia y tradiciones, juegan como párvulos en análisis diversos cuyo sostén es raquítico. El Tapado, La Llorona, El Chupacabras, El viejo del costal…

Los “bien portados”, con su careta de sociedad civil, (cuya independencia se extingue cuando alguien les hace sonar, a ellos o a sus parientes, las 30 monedas de un cargo), opinan y discurren sin conocer siquiera los tornillos de la relojería ajena, pues a fin de cuentas cuanto suceda dentro del Partido Revolucionario Institucional, es tan propio de sus dirigentes, militantes y demás, como para no ameritar atención externa.

Pero todos opinamos y todos queremos saber y lo peor: todos decimos, yo lo se, a mi me lo dijeron, tengo un amigo cercano…

A fin de cuentas es incomprensible tanta atención si –como todos dicen–, se trata de un partido sin oportunidades de permanencia en Los Pinos. Lo han dicho y propiciado, con la insistencia de un ensalmo anhelante, casi todos los analistas y “comentócratas” del país. Y sin embargo viven con un ojo en el gato y el otro en su garabato.

Mañana es 27 de noviembre y de acuerdo con cabalistas (la Cábala, esa otra patraña de nuestros días) y numerólogos (la numerología, otra engañifa) es día propicio para las decisiones y revelaciones en la vida del presidente Enrique Peña Nieto, pero en ese asunto de revelar misterios, el Partido Revolucionario Institucional ha desarrollado una nueva liturgia, un nuevo método propio, suyo e incompartible, pues mientras unos juegan a la brisca, otros practican el Bridge.

El proceso electoral ahora en marcha, con todas sus peculiaridades y accidentes, se ha convertido en algo tan atractivo como una Copa del Mundo o una serie de beisbol. Cada lanzamiento o cada tiro a la portería ajena se vuelve un acontecimiento nacional, y así, en lugar de celebrar lo excelso del juego de Messi y sus botas de oro, nos emocionamos con la última declaración de Miguel Ángel Mancera en cuanto la doble condición de Ricardo Anaya quien juega con la doble camiseta de su cargo y su ambición, tanto como lo hace –por cierto–, la mujer amarilla (no es la mujer Maravilla), Alejandra Barrales, quien golpea la pared por haber perdido la piñata del frente en el rumbo de sus lealtades, mientras el castillo de naipes se bambolea como “House of cards” tras las revelaciones de acoso de Kevin Spacey quien resultó tan “gay” como Oscar Wilde, pero sin su pluma verde ni esposa o hijos.

¡Ah!, los colores.

Luis Castro, con la turquesa de su Panal busca ahora una Nueva Alianza y no será con Morena pues los jugadores de ese once donde nada más hay uno, han firmado pactos de solidaridad política con los caníbales de la CNTE; enemigos jurados del partido magisterial desde los tiempos de “la maestra”.

Así pues llega el 27 y con él la posible confirmación de los augurios o el ridículo de quienes los presentaron. Lo vamos a ver y pronto.

Lo único cierto es el desconcierto y el manido e ineficiente recurso de criticar el dedo, el dedazo, el señalamiento vertical en el ungimiento del elegido; el sesudo análisis de la selección interna, cuya naturaleza no tendría motivo para ser compartida, es futesa, asunto menor, vagabundería mental, pues a nadie le debería importar la elección antes de la elección, eso es cosa secundaria.

La selección de candidatos es, o debería ser, asunto de los partidos; la elección entre los seleccionados, una vez puestos en la boleta, es materia de los ciudadanos. Lo demás, son mariguanadas.

Pero mientras muchos discuten en los prados de la esterilidad, otros hacen su trabajo con la persistencia del insecto, en contra del lamento de Renato Leduc quien censuraba, cómo no haremos obra perdurable, por carecer de la voluntad tenaz de la mosca. En este caso es todo lo contrario.

Andrés Manuel López, en cuya tilma aparecerá el doce de diciembre junto con la rosas del milagro, su propia efigie de redentor moreno, se acoge al color y las fechas guadalupanos, no sólo en el acrónimo de su partido, cuidadosamente seleccionado para conmover y sugerir, invocar y estimular el inconsciente, y avanza con la firmeza de un trabajo planificado desde hace mucho tiempo y ejecutado con la indeclinable maestría de quien ejerce el poder interno para después practicarlo afuera.

Verbalmente se bate a duelo con el ex presidente Salinas y ambos se nombran innombrables, se sacan la lengua como los niños del salón de clases y se advierten cómo serán las cosas cuando todo acabe.

“Nos vemos a la salida. Nos vemos a la saliva”.

Los elementos de este margallate son, a pesar de todo, sencillos. Los partidos políticos están hechos para lograr la conquista del poder. Nada más.

Y como esa condición es tan apetitosa, miles y miles de personas piden y quieren lo mismo y su carrera –a empujones, tropezones y demás–, es (si se me permite la comparación) como la de los espermatozoides en natación apresurada, agitando sus flagelos, para llegar al sitio necesario para fecundar.

Y sólo uno llegará.

Los políticos desean saber quién; pero no por un interés social, sino por la oportunidad de adherirse, oportunistas, serviles y lambiscones, a la corriente ganadora, para pegarse como rémoras en la panza del nuevo y enorme tiburón del mando nacional, pues de ese hombre dependen, mercedes y negocios, tratos, arreglos, influencias, supervivencia dorada a fin de cuentas.

Y los medios hacen lo mismo, y los blogueros alquilados y los tuiteros de ocasión, y los troles y los bots, y todos los demás lo hacen por las mismas razones.

Las elecciones son el cubilete donde caben todos los dados de la ambición y de la suerte del tiro pachuqueño o con ases a la vista, depende nuestro futuro, nuestro bienestar y la escuela de los niños y la casita en la playa y todo aquello por lo cual luchamos y nos aplicamos.

Mientras tanto la paciencia es un activo.

Pero siempre hemos perdido el tiempo en las cosas superficiales.

Recuerdo esta carta de Víctor Hugo a los jueces en cuyas manos estaba el destino de Claude Gueux, un ladrón ocasional cuyo caso le inspiró la escritura de “Los miserables”.

Gueux había robado un simple pan para comer y cometido después, dentro de la prisión, un homicidio en defensa propia.

“…señores, ustedes hacen demasiada alharaca acerca de si los botones de la Guardia Nacional deben ser blancos o amarillos… consideren esto: la mayoría del pueblo sufre, el pueblo tiene hambre el pueblo tiene frío… La pobreza conduce a la gente al crimen o al vicio. Ustedes tienen demasiados convictos, demasiadas prostitutas.

“…¿Qué prueban estas dos cosas? Que el cuerpo social sufre debido a las impurezas de su corriente sanguínea.”

Pero hoy de eso no se habla.

Sólo de la lotería sexenal. Del destape.

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Los vendedores de terrenos anuncian siempre los predios con su fondo y su frente: tanto de frente tanto de fondo. A tanto el metro.

Los vendedores de la política nos habían anunciado algo similar con el frente amplio, cuyo fondo ahora es más grande.

El frente pierde la frente y de frente se va al vacío. ¿Se podrá recuperar, o será como la cábala o la numerología; otra patraña engañabobos?

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